Durante mucho tiempo creemos que la claridad llegará cuando encontremos la respuesta correcta.
Leemos, escuchamos, preguntamos, acumulamos ideas y explicaciones, con la esperanza de que alguna de ellas termine de acomodar lo que sentimos.
Y, sin embargo, hay un punto en el que algo se cansa.
No porque no haya más respuestas, sino porque empezamos a intuir que ninguna de ellas toca realmente eso que duele, confunde o se siente vacío.
En ese punto, buscar deja de ser alivio y se vuelve una forma más de escapar.
No escapar de la vida, sino de la incomodidad de estar con ella tal como es.
Este espacio nace ahí.
No para ofrecer nuevas ideas, ni para explicar lo que sucede, sino para acompañar una mirada más honesta sobre la experiencia presente.
A veces, la claridad no aparece cuando entendemos más, sino cuando dejamos de empujar y nos permitimos habitar lo que ya está ocurriendo.

Este no es un espacio para aprender algo nuevo.
Es un espacio para detenerse, leer sin prisa y dejar que algo se acomode sin necesidad de forzarlo.
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